Cuenta la historia que durante la Edad Media, un monje benedictino llamado Guido d’Arezzo buscaba la forma más fácil de enseñar música y de que sus alumnos aprendieran a entonar bien. Escogió un himno a San Juan Bautista, muy popular en la época con la característica de que cada verso comenzaba una nota más aguda que el anterior.

El himno era el siguiente: “Ut queant laxis, Resonare fibris, Mira gestorum, Famuli tuorum, Solve polluti, Labii reatum, Santae Iohannes“. Fue ahí cuando tomando la primera sílaba de cada verso surgen los nombres de las notas musicales. Anteriormente las notas se nombraban con las primeras letras del abecedario A B C D E F G, sistema que todavía se sigue utilizando mayormente en las lenguas del inglés y alemán.

Tiempo después otro monje llamado Giovanni Battista Doni, cambió la nota Ut por Do porque esta sílaba se adapta mejor al canto. Un poco antes Anselmo de Flandes descubrió una séptima nota, más aguda, que recibió el nombre de SI (de Sancte Ioannes) Aclaro que la nota que se canta en la frase “Sancte Ioannes” no es Si, sino, Sol.

Guido también nombró este sistema de entonación que conocemos hoy, como “solfeo (de sol y fa) y solmización (de sol y mi)” y expone toda su metodología de enseñanza y su trabajo teórico en su obra “Micrologus

Aquí les dejo el enlace para que escuchen el Himno.